La campaña en el Sur sin las armas de las Farc

Con las Farc convertidas en partido político y lanzando sus primeros candidatos a Senado y Cámara, en el Sur del país, la región en la que crecieron y se fortalecieron como guerrilla, está cambiando la forma de hacer campaña. A pesar de que hay disidencias, en varios lugares de Huila, Caquetá y Putumayo que antes eran zona roja, los políticos están llegando a pedir votos, viajan de noche por las carreteras y hacen sus eventos sin el temor de terminar secuestrados.  El riesgo que hay ahora, según observadores, es que el clientelismo llegue hasta allí.

Así se está viviendo la primera campaña al Congreso del país, en más de cincuenta años, sin las armas de las Farc.

La política: otro cuento

Para varios políticos y líderes comunales consultados por La Silla, el cambio más evidente es que ahora pueden ir hasta veredas y corregimientos a los que antes solo podían ir los que las Farc dejaban pasar.

En diciembre del año pasado, Harry González, un representante liberal caqueteño que lleva años haciendo campaña, fue hasta ‘Las piscinas’, un lugar en la zona rural de Cartagena del Chairá, que antes era conocido como el sitio en el que los guerrilleros descansaban y citaban a la gente a cobrarle las vacunas.

“A esa reunión fueron como cien presidentes de juntas, aunque estaba en un evento institucional de la Gobernación, pero antes nadie se asomaba por ahí a menos que los citaran”, nos contó el representante. “Salí como a las seis de la tarde de allá y nada. Ningún problema”.

En su agenda ya tiene anotados otros sitios que antes eran vedados para un político y menos si llegaban en carros blindados o con escoltas. Va ir a hasta la Unión Peneya, un corregimiento de La Montañita que antes era zona roja y a Solano y Solita, sitios en los que no había podido ir como representante, precisamente por el conflicto.

En Putumayo, donde el Bloque Sur de las Farc hizo presencia por años, “los candidatos tienen el lujo de andar por las carreteras de noche. Eso nunca se había visto en la historia de este departamento”, dijo a La Silla Eder Jair Sánchez, un líder campesino de la Asociación Nacional de Usuarios Campesinos, Anuc, en ese departamento.

“Y con los eventos políticos la cosa también ha cambiado aquí. Casi todos se hacen de noche”, agregó.

En Huila, un asesor que acompaña al senador Rodrigo Villalba en sus correrías, le contó a La Silla que hace poco estuvieron en Algeciras haciendo campaña. En ese pueblo a una hora larga de Neiva , el frente Segundo y la colúmna móvil Teófilo Forero tenían horarios de entrada y salida de los carros y la gente se escondía debajo de las camas por las noches a esperar los cilindros y las bombas.

“Antes para cualquiera, no solo un político, ir a la vereda ‘El Paraíso’, que queda ya saliendo para San Vicente del Caguán, era ofrendarle la vida a la subversión y ahora van hasta allá a entregar volantes”, nos dijo Javier Rivera, el alcalde de Algeciras.

Para uribistas como el senador Ernesto Macías, las cosas no han cambiado.

“Cambiaron de pronto para los políticos de izquierda, pero nosotros al ser llamados ‘los enemigos de la paz’ pues nos queda difícil ir a esos sitios. Yo, por ejemplo, llego sin avisar para no alertar a nadie  a zonas como Campoalegre, en Huila, y tampoco puedo citar reuniones como sí lo hacen otros”, dijo a La Silla.  También dijo que no lo había intentado, pero que le bastaba con la prevención.

Por lo pronto, ningún político se ha quejado de no poder hacer campaña en este territorio. Y eso que monitorear las elecciones también está siendo más fácil.

“Nosotros siempre nos movíamos solo en cabeceras municipales a monitorear cómo avanzaba la campaña. Ahora la idea es ir hasta las veredas también”, dijo Juan Esteban Chindoy, que trabaja como coordinador regional de Putumayo para la Misión de Observación Electoral, MOE y  siguió las elecciones  a Congreso en 2014 y las regionales de 2015. Nos contó que antes era normal recibir quejas de candidatos por no poder entrar a ciertos sitios y que hasta ahora no llevan ni una.

Es un cambio drástico para los observadores electorales en lugares como Putumayo. De hecho, Chindoy reemplazó en el cargo a Eladio Yascual, quien aparte de trabajar en la MOE, era miembro de la Anuc y lo mataron en 2011 dos sicarios a la orilla de un río mientras estaba de camping con su esposa. Su caso sigue sin estar resuelto.

“A mí hasta ahora, en lo poco que va de esta campaña, me ha ido bien. No he tenido ningún problema para moverme por el departamento”, agregó Chindoy.

Esa transformación en la forma de hacer campaña y de monitorearla ha creado oportunidades y riesgos que desde ya se están comenzando a ver.

Los efectos y los riesgos

Uno de los efectos es que mientras algunas organizaciones sociales que compartieron por años el territorio con las Farc están capitalizando políticamente su transformación en partido político y lo pactado en el Acuerdo de Paz, en otros lugares, lo que está llegando por primera vez es el clientelismo tradicional.

Un caso de fortalecimiento de organizaciones sociales es el de la Mesa Regional de Organizaciones Sociales de Putumayo, Meros.

Los Meros crearon en ese departamento hace un año, a raíz de la firma del Acuerdo, a la Coordinadora Nacional de Cultivadores de Coca, Marihuana y Amapola, Coccam.

Como ha contado La Silla en varias historias, es una organización que tiene vasos comunicantes con la Farc y que surgió para liderar la interlocución con el Gobierno en la sustitución de cultivos tras la firma del Acuerdo de Paz.

Gracias a esa plataforma de la Coccam y al micrófono que han ganado en el departamento, hoy uno de sus líderes más visibles, Yule Anzueta, es candidato a la Cámara por la Alianza Verde.

También hay otra nueva forma de hacer política y es la de los miembros de la Farc, que hoy viven en los Espacios de Capacitación como el de Agua Bonita, en La Montañita, Caquetá, y que están haciendo política con la implementación del Acuerdo: citan a reuniones para la sustitución, otras para los Programas de Desarrollo con Enfoque Territorial, etc.

No se trata de campaña electoral propiamente dicha, pues los ojos de la Farc están puestos en ganar el poder local el 2019 ya que tienen aseguradas sus diez curules para marzo.

De hecho solo un ex combatiente, Ronald Rojas Ramos (antes alias Ramiro Durán), que era el responsable político de la zona veredal de Putumayo, está en la lista a Senado de la Farc, y a la Cámara no lanzaron a nadie en el Sur a diferencia de otras regiones como Santander y Antioquia.

Aún así, los desmovilizados comienzan a encontrarse -cada uno con sus estrategias de conquista de votos- en el mismo territorio con políticos tradicionales que por primera vez llegan a hacer campaña.

Han llegado a replicar en el sur su forma de hacer política, y sus redes clientelistas, para conseguir nuevos fortines.

“Esto parece un mercado persa. Aquí todos vienen a llevarse lo que pueden y hay una cantidad de políticos que nunca se han visto aquí y están llegando a pedir el voto”, le contó a La Silla Rosemary Betancur, la presidenta de la Federación de Juntas de Acción Comunal de Caquetá y que vive en el municipio de Paujil.

Ella no nos dio nombres de los políticos porque, según nos dijo, eran tan desconocidos que ni se acordaba, pero sí le llamó la atención que esta semana estuvo el senador vallecaucano de la U Roy Barreras, quien en las elecciones pasadas a Congreso apenas sacó 17 votos en ese municipio. Roy también se reunió con su equipo político de Puerto Rico, un municipio donde apenas una persona votó por él hace cuatro años.

Y así como él, hay otros políticos que no han sacado una votación grande en el Sur ni son de acá, pero están pescando votos, como el hijo de ‘Kiko’ Gómez en el Huila o el aliado de la ñoñomanía Jaime Luis Lacouture.

En cierta forma, el Sur comienza a ser -políticamente hablando- más parecido al resto de Colombia, y desde ya se ven esas transformaciones en la primera campaña sin los fusiles de las Farc.

Por: Juanita Velez – La Silla Sur