Opinión De Libardo Gómez Sánchez: Legalidad y negocios

Opinión De Libardo Gómez Sánchez: Legalidad y negocios – En cualquier sociedad se requiere un mínimo de orden para que los negocios funcionen, esa normalidad esta reglada por las leyes que a su vez cumplen la función de expresar la voluntad de la clase que dirige la sociedad y asegurar sus intereses; el instrumento desarrollado por la burguesía para dirimir las contradicciones en las relaciones de comercio  son los tribunales, de tal suerte que cuando estos no operan, los desacuerdos terminan exacerbándose y adquieren unos niveles de confrontación de una intensidad que conducen incluso a la destrucción mutua de bienes y personas. Paradójicamente, los promotores de esa institucionalidad pretenden que todos la respeten, pero ellos no desaprovechan ocasión para burlarla.

Es un poco lo que ocurre en la confrontación entre los Estados Unidos y China, en el ámbito global y los negocios de Sarmiento Angulo amparados por la fiscalía en lo local.

Desde los albores del capitalismo, el libre comercio y el proteccionismo, han sido una herramienta de los dueños del capital para garantizar su expansión, cuando aun no se consolidaban los monopolios, la libertad para llevar o traer mercancías y capitales de un lugar a otro, les permitió crecer hasta acumular la riqueza con la que trascienden las fronteras nacionales, luego en la colisión entre los trust consolidados en los países desarrollados, acudieron a diferentes barreras para defender sus mercados  y desde entonces obligan a los pueblos rezagados en el camino al desarrollo, a abrir las puertas sin condiciones, mientras ellos manipulan las propias según su conveniencia; es lo que vienen haciendo gringos y chinos por estos días acudiendo a poner o quitar aranceles, disponiendo de reglamentos  a las exportaciones e importaciones de bienes, servicios y capitales, en una ruda disputa por el control de los mercados. El final de este capítulo es impredecible porque depende también de la reacción a su interior de las mayorías desplazadas por la pavorosa concentración de la riqueza.

El caso colombiano, extensivo al resto del continente, tiene que ver con la maraña ilegal de negocios tejido por el hombre más rico del país, dueño de buena parte del sistema financiero, a través del grupo AVAL,  quien apurado por los procesos iniciados contra su socio Odebrech en los países vecinos, atornillo en la cabeza del órgano investigativo de la justicia un empleado suyo que le garantiza impunidad; es posible que lo logre dada su estrecha relación con los jefes políticos de la oligarquía colombiana; pero está claro que no podrá salvarse de la sanción de los mercados,  que ya le han cobrado millones con la baja en sus acciones, los inversionistas conocen los riesgos de acudir a prácticas gansteriles, no sujetarse exclusivamente a los enormes beneficios que ya le reporta tener control del Estado, para legislar una y otra vez otorgándole gabelas a sus negocios .