Opinión de Mario Benedicto Parra : Gracias, maestros

Opinión de Mario Benedicto Parra : Gracias, maestros – Gracias por lo que nos enseñaron en la infancia; gracias por enseñarnos a leer, por las primeras letras que escribimos, las primeras sílabas con que deletreamos; gracias por enseñarnos a sumar, a restar, a multiplicar; gracias por los primeros conocimientos en historia y geografía para entender el pasado y la realidad del mundo; gracias por los primeros conocimientos en  biología para entender el origen de la vida; gracias, muchas gracias.

En estos momentos en que un expresidente de Colombia señala a los maestros de adoctrinadores y los calumnia al decir que “sólo enseñan a gritar y a insultar”, la sociedad eleva su voz de defensa del maestro. Esta sociedad de hoy se asombra ante estos hechos y no ve con buenos ojos el trato de tercera categoría que les da el calumniador.

Es triste y vergonzante que haya que imponer el respeto mediante medidas legales con el objeto de defender a quienes dedican su vida a formar a las generaciones futuras. Ese respeto ha de ser voluntario, libre y ha de surgir del ejemplo de los gobernantes para que los alumnos aprendan del respeto y agradezcan a la persona que le transmite sus conocimientos preparándolos para la dura y competitiva vida que les espera afuera de las aulas.

El rol de la educación es indiscutiblemente y ante todo, de liberación y emancipación ya que la misión de los maestros es enseñar a pensar. Reitero, “enseñar a pensar” y bajo ningún concepto “cómo pensar, ni qué pensar”. Resulta lamentable que esta aclaración aún sea necesaria a mentes retrógadas y calumniadoras.

No me cabe duda de que es una de las profesiones más hermosas de la sociedad colombiana, la de quienes se dedican a la enseñanza de los niños, los adolescentes y los jóvenes. El maestro es un sembrador de inquietudes, anhelos y esperanzas; un alimentador de nuestra autoestima y como profesional, cumple una labor insustituible y de capital importancia para la sociedad, la enseñanza y la educación.

Esta es una de las fechas más significativas del calendario cívico escolar, pues rinde un merecido homenaje al maestro, al verdadero forjador de las juventudes que en el futuro dirigirán los destinos del país.

Por eso, los maestros merecen respeto, no permitamos que sigan condenados a la desatención y menos, que los calumnien o los destruyan anímica y moralmente.

Indudablemente los maestros seguirán siendo forjadores de paz y esperanza. Un país que no valora y respeta a los maestros, es un país sin futuro. ¡Hasta pronto!