Opinión De Mario Benedicto Parra: Los niños que aguantan hambre

Opinión De Mario Benedicto Parra: Los niños que aguantan hambre – En el reportaje “Pancitas Vacías” desarrollado por el equipo periodístico de Séptimo Día del 21 de octubre pasado, pudimos ver la gran labor que desarrolla una pareja de líderes sociales en la ciudad de Cartagena a través de una organización social sin ánimo de lucro para evitar que los alimentos terminen en la basura y vayan a la mesa de cientos de niños y mujeres que se encuentran en condición de vulnerabilidad.

Este programa de televisión desmantela la cruda realidad de muchos niños que aguantan hambre, que prefieren les regalen una libra de arroz a que les den un juguete; esta escalofriante tragedia conmovió el alma y los sentimientos de muchos televidentes.

Pero, también queda en evidencia la incapacidad del Estado ante la situación de abandono en la que se encuentran millones de colombianos, la desidia y la corrupción de muchos gobiernos que generan una situación deplorable como las que pudimos ver, pues hasta los perritos y los gaticos -que más que mascotas, son los juguetes de aquellos niños-, mueren de hambre.

Según cifras del Programa Mundial de Alimentos WFP, en el mundo existen aproximadamente 800 millones de personas que no tienen suficientes alimentos para vivir dignamente, la gran mayoría vive en países en desarrollo y Colombia hace parte de esta situación.

Según la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), en Colombia 3,5 millones de personas se encuentran subalimentadas, lo que equivale a que un 7,2% de la población carece de una seguridad alimentaria completa. La gran mayoría de esos 3,5 millones son personas ubicadas en barrios de invasión y en sectores rurales del país, los  espacios más olvidados donde solo hay miseria, escombros y aguas fétidas.

En 2016, el Departamento Nacional de Planeación informó que cerca de 9.8 millones de toneladas de comida de desperdician cada año, lo que equivale al 35% de alimentos que puede consumir el país en un año. Según este informe se pierde y se desperdicia alimento con lo que se pudiera alimentar a más de 9 millones de personas al año, valga decir a manera de ejemplo, aproximadamente toda la población de los departamentos de Cauca, Cundinamarca, Chocó, Guajira, Guaviare, Huila, Guajira, Quindío y Tolima.

Más allá de las cifras de hambre, cabe preguntarnos: ¿por qué el gobierno no ha tomado las acciones necesarias para garantizar que las burocracias corruptas no sigan afectando a los más vulnerables?, ¿cuántos políticos tienen planes para combatir el hambre y la desigualdad?, ¿por qué el gobierno no desarrolla un verdadero programa que vayan más allá de la simple retórica y enfrente con valentía la opción preferencial por los pobres, esencia del mensaje evangélico?

Mientras haya niños con hambre no podemos sentirnos orgullosos de ser colombianos. Jugar con el hambre de los niños, es como asesinarlos, violarlos o secuestrarlos. Ante esta situación, no se asoma la voz del presidente a pedir cadena perpetua para los que se roban los recursos de la alimentación de los niños, tampoco ha propuesto solución alimentaria alguna para los pobres excluidos que viven en las cloacas de las ciudades y en los sectores rurales olvidados.

No olvidemos que en la Declaración Universal de los Derechos Humanos, en el artículo 25, se indica que toda persona tiene derecho a una calidad de vida que le asegure, entre otras cosas, la alimentación. Precepto que se cumple de manera parcial en Colombia. ¡Hasta pronto!